¿Qué es?
Los huesos no son algo inerte: están hechos de tejido vivo que el cuerpo renueva constantemente [1]. En la osteoporosis, los huesos se vuelven menos densos y más débiles, y aumenta la probabilidad de que se rompan [3].
Por eso una caída leve, un tropiezo o un golpe que a otra persona no le haría nada puede acabar en una fractura [3].
¿Cómo se nota?
Hasta que no hay una fractura, normalmente no se nota. Las fracturas osteoporóticas principales son las de columna, antebrazo (muñeca), cadera y hombro [4].
Dolor de espalda intenso
Puede ser la señal de una vértebra rota [3].
Pérdida de altura
Medir menos que antes es otra señal posible de fractura vertebral [3].
Espalda encorvada
Una postura más jorobada también puede deberse a vértebras fracturadas [3].
Si notas alguno de estos cambios, coméntalo con tu médico.
¿Quién tiene más riesgo?
Cualquier persona puede desarrollar osteoporosis, pero algunos factores aumentan la probabilidad [1]. Unos no se pueden cambiar; otros, sí.
Lo que no se puede cambiar
- Ser mujer, sobre todo después de la menopausia [3] [5].
- La edad. Es una causa frecuente de fracturas en mujeres posmenopáusicas y en hombres mayores [5].
- Antecedentes familiares: que tu padre o tu madre haya tenido osteoporosis o se haya roto la cadera [1].
- La constitución: las personas delgadas y de huesos finos tienen más riesgo [3].
- Haber tenido ya una fractura por fragilidad, que casi duplica el riesgo de sufrir otra [6].
Lo que sí se puede cambiar
- La alimentación. Una dieta baja en calcio y vitamina D aumenta el riesgo [3].
- El estilo de vida: el tabaco, el exceso de alcohol y la falta de actividad física contribuyen a la pérdida de masa ósea [1].
Algunos medicamentos, como los corticoides tomados durante mucho tiempo, y algunas enfermedades también aumentan el riesgo [3]. No los dejes por tu cuenta: háblalo con tu médico.
¿Cómo se diagnostica?
El punto de partida: identificar la primera fractura
El diagnóstico empieza por reconocer en la consulta una fractura por fragilidad: la que se produce con una caída desde la propia altura o un golpe leve. Haber tenido una fractura así, de vértebra, cadera, muñeca o húmero, es el primer motivo por el que se recomienda estudiar la osteoporosis, y es el factor que señala el mayor riesgo de sufrir otra [11].
En las fracturas de vértebra y de cadera ni siquiera hace falta esperar a la densitometría para empezar el tratamiento, aunque se aconseja hacerla para comprobar después su eficacia [11]. Por eso, si te has roto un hueso con un golpe leve, cuéntalo siempre en la consulta.
La medición: la densitometría ósea
La prueba de referencia es la densitometría ósea (DXA), una exploración que mide la densidad mineral de los huesos. Es el único método de medición aceptado para diagnosticar la osteoporosis [7].
El resultado se expresa como T-score: compara tu densidad ósea con la media de un adulto joven [8]. Mueve el control para ver cómo se interpreta según los criterios de la OMS [8].
Un T-score igual o inferior a -2,5 permite diagnosticar osteoporosis, pero no implica por sí solo que haya que tratar; y un valor mejor no la descarta: el resto de factores de riesgo también cuenta [7]. Por eso los profesionales usan además herramientas como FRAX®, que estima la probabilidad de fractura a 10 años [4].
¿Tiene tratamiento?
Sí. Existen fármacos seguros y eficaces para reducir el riesgo de fractura [9]. Aun así, más del 45 % de las personas con alto riesgo de nueva fractura no recibe ningún tratamiento para prevenirla [10].
Si tratar o no, y con qué, es una decisión que depende del riesgo de cada persona y se toma con el médico. Si ya tienes tratamiento, no lo abandones sin consultarlo.
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